2026年4月12日日曜日
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¿Salvación o amenaza? México evalúa el fracking para dejar de depender de Estados Unidos

¿Salvación o amenaza? México evalúa el fracking para dejar de depender de Estados Unidos

¿Salvación o amenaza? México evalúa el fracking para dejar de depender de Estados Unidos

Cada día México consume 9 mil millones de pies cúbicos de gas natural, pero solo produce 2 mil 300 millones. El resto, cerca del 75 por ciento, viene de Texas. Esa dependencia expone al país a crisis de suministro ante eventos climáticos extremos o disputas comerciales. Por eso el gobierno decidió evaluar el fracking, una técnica controversial que promete acceder a vastos yacimientos de gas atrapado en rocas de lutita, pero cuyo historial ambiental genera alarmas. ¿Qué es el fracking y cómo funciona? La fractura hidráulica, o fracking, consiste en inyectar a alta presión una mezcla de agua, arena y químicos para romper formaciones rocosas impermeables y liberar el gas o petróleo atrapado. El proceso comienza con una perforación vertical que puede alcanzar entre mil y cinco mil metros de profundidad. Luego se desvía horizontalmente hasta extenderse uno o dos kilómetros. Allí se bombea la mezcla: cerca del 90 por ciento es agua, 9.5 por ciento arena y apenas 0.5 por ciento aditivos químicos, aunque estos últimos pueden incluir sustancias tóxicas o cancerígenas. La arena mantiene abiertas las microfracturas creadas en la roca, permitiendo que el gas fluya hacia el pozo para ser extraído. Debido a la baja permeabilidad del esquisto, el proceso debe repetirse hasta 15 veces en un mismo pozo para sostener la producción. Cada pozo puede requerir entre 9 mil y 29 mil metros cúbicos de agua, lo que equivale a llenar entre 9 y 29 albercas olímpicas. Registro celular 2026: ¿pueden las SIM extranjeras ser el escape?

¿Dónde ocurre y por qué se impulsa? En México, los yacimientos de gas convencional se concentran en el sureste y el Golfo, mientras que los no convencionales se ubican más al norte: cuenca de Burgos, Sabinas y Tampico‑Misantla. Pemex estima 83 billones de pies cúbicos en gas convencional y 141 billones en no convencional. El director de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, destacó la urgencia de aprovechar estos recursos ante el momento crítico que vive el país. El objetivo central es reducir la dependencia energética. México importa 6 mil 800 millones de pies cúbicos diarios de gas, principalmente de Texas, y las reservas de almacenamiento cubren apenas dos o tres días de consumo. Como el 60 por ciento de la electricidad nacional se genera con gas natural, un corte de suministro tendría consecuencias económicas importantes. Además, el gobierno proyecta aumentar la producción nacional de 2 mil 300 millones a más de 8 mil 600 millones de pies cúbicos diarios en la próxima década, combinando gas convencional y no convencional. Los riesgos documentados Las organizaciones ambientalistas advierten impactos graves. La Alianza Mexicana contra el Fracking señala que el consumo masivo de agua compite con el abasto humano y agrícola, poniendo en riesgo el derecho constitucional al agua. Se han documentado más de mil casos de contaminación de acuíferos cerca de pozos de fracking en Estados Unidos. Los aditivos químicos pueden incluir benceno, tolueno y mercurio, sustancias que causan cáncer, mutaciones o daños al sistema nervioso. Greenpeace México subraya que el metano liberado durante la extracción es un gas de efecto invernadero 20 a 25 veces más potente que el CO₂. Las fugas de metano en proyectos de fracking pueden ser hasta 30 por ciento superiores a las del gas convencional, acelerando el calentamiento global. Además, la inyección de fluidos en el subsuelo puede inducir pequeños terremotos. A nivel local, el fracking daña el paisaje, genera tráfico constante de camiones, contamina el aire y altera ecosistemas, volviéndose incompatible con la agricultura y el turismo. ¿Solo una corrección de errores? Descubre lo que realmente trae la nueva actualización de Apple

Historia en México y el giro tecnológico La reforma energética de 2013 creó el marco legal para el fracking y Pemex perforó pozos piloto en Tamaulipas y Nuevo León. El entonces presidente López Obrador manifestó una postura contraria al fracking tradicional por sus graves impactos ambientales. Sin embargo, la administración actual ha dado un giro: rechaza el método convencional pero evalúa «nuevas tecnologías». La Secretaría de Energía creó un comité científico de especialistas de la UNAM, el Politécnico y otras instituciones para revisar innovaciones que reciclan hasta 97 por ciento del agua, usan químicos biodegradables y emplean agua salada o de minas de carbón. El comité tiene dos meses para entregar conclusiones sobre la factibilidad, métodos y costos. Empresarios mexicanos ya desarrollan aditivos biodegradables para reducir la toxicidad del proceso. La diferencia entre el fracking tradicional y las nuevas tecnologías radica en la gestión del agua y los químicos. El método antiguo consumía volúmenes enormes de agua fresca y generaba residuos contaminados difíciles de tratar. Las técnicas modernas buscan reciclar el fluido, usar agua no potable y sustituir químicos agresivos por compuestos biodegradables. La encrucijada México enfrenta un dilema: apostar al fracking con nuevas tecnologías para alcanzar la soberanía energética, o rechazarlo en favor de una transición acelerada hacia renovables. El debate continuará hasta que el comité técnico entregue su veredicto, pero la decisión final definirá el rumbo energético del país para las próximas décadas. También puedes leer:  Aumenta 0.4% la actividad industrial en México en febrero de 2026; minería y manufactura impulsan el avance

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